Lo demás es cuento

Por Martín Monroy

Hay que madrugar, no queda otra, vos queres madrugar aunque a tu cuerpo le cueste y siempre le cuesta. Después que te levantas y desayunas empieza a cambiar la cosa, aparece el mate y el ritual va quedando pronto, saludas al perro y arrancas. Dicen que la monotonía cansa, hay que salir de la rutina porque si no se complica, dicen. Siempre dicen. Vos mismo a veces te cuestionas, te cuestionas porque vivís. Parece fácil, entrenas de mañana, descansas de tarde (el que no labura) te armas un mate de tardecita y entras a estudiar en la noche (el que estudia). Ni te digo si tenes hijos. El tema es que te acostumbras, te quejas si claro, siempre nos quejamos, somos así, hasta que llega ese día. Algunos dicen que lo piensan un tiempo, a otros los agarra de sopetón, otros enseguida cambian el chip (en esta era tecnológica) con otros el bajón juega de titular. No es lo mismo que dejes vos a que te hagan dejar. Nunca es lo mismo. Lo sabes por cuentos pero cuando te toca a vos cambia todo. Se fue, no sabes cómo pero se fue. Pasa el tiempo porque si hay algo que pasa es el tiempo. Recordás lo bueno y lo malo, pero ya no estás ya pasó entonces disfrutas, a la distancia disfrutas. La pelota nunca se va. Cambia de lugares, de contextos, de canchas, de zapatos, de pastos. Ella siempre está, el tema es que vos estés. La pelota queda, la gente queda, lo demás es cuento.