La Escuela de Fútbol

Por Martín Monroy

La vida te va enseñando cosas, todos los días, depende de nosotros si tenemos los sentidos abiertos. Debo confesar que soy amante, amante del fútbol, de sus emociones, su capacidad de cambiar de un momento a otro, pero por sobre todo de las sensaciones y los valores. Los partidos son las obras, se pone en escena lo que se viene ensayando, se puede ver a los protagonistas, la diferencia, es que en esta obra el guión no está escrito, se va a escribiendo a medida que pasan los minutos, y eso es de lo más lindo que tiene este deporte. Nosotros nos podemos preparar muy bien, pero cuando pita el juez, está todo por escribirse, todos tenemos nuestro lápiz en mano, mejor dicho en los pies, al salir a la cancha, la diferencia son detalles, el rival juega, hay momentos, en que todo va como queres o como tu equipo quiere, también tenes de los otros, predominan los otros. La cuestión es pasar una fina línea, empezar a disfrutar las adversidades, las formas, detalles técnicos, tanto de tus compañeros, como de tus rivales. El fútbol no es sólo resultado, eso nos quisieron inculcar, en este mundo que vivimos, están los que ganan y los que pierden, éxito y fracaso, admito, me encanta ser un fracasado. El fútbol real, para mí, va por otro lado, va por disfrutar un entrenamiento, valorar el esfuerzo, de tus compañeros y tus rivales, errar y saber correr a recuperarla, al fin y al cabo, siempre erramos. Los días de partido, entrar al vestuario con esa sensación que juega en tu cuerpo y no tenes ni idea que es, pero te gusta, disfrutar, ver la cara de tus compañeros, vestirte para salir al campo, notar el cuerpo y sus variaciones al entrar en calor, ver a los rivales y su mentalidad, al final, somos todos lo mismo. Cuando cruzamos esa línea, y disfrutamos cada jugada, tanto propia como ajena, el fútbol se vuele un arte, se disfruta, claro que duelen las derrotas o los empates, por suerte seguimos siendo humanos, pero cuando miras tu remera y está completamente sudada, y el cuerpo te duele pero a la misma vez ríe, empezamos a entender todo, el resultado no aparece en pantalla gigante, vivimos el momento y aprendemos que hay cosas que no dependen de nosotros, las cuales no las podemos cambiar, tenemos que abstraernos y disfrutar, en el fútbol aprendí a aplaudir una jugada rival, reconocer las virtudes y valorarlas, saber que dejar todo por tu equipo, tus compañeros y por vos, es de las sensaciones más lindas que hay, por eso y por muchas cosas más, me declaro, con orgullo, alumno de la escuela de fútbol.