Al arco

Por Martín Monroy

El tema de los puestos dentro de la cancha es algo que siempre me generó intriga, a medida que pasan los años voy entendiendo, me doy cuenta que no tenía idea en el momento que me preguntaron por primera vez, ¿y vos de qué jugas?, creo era más una cuestión de deseo que realmente sabiduría. Siempre admiré a los goleros, una admiración desde el cuestionamiento, en un deporte en el cuál todos pasan la pelota con el pie, los tipos son los únicos que usan las manos, me genera intriga lo que sienten los goleros al vestirse diferentes de sus compañeros, en un deporte colectivo el cuál es un cúmulo de individualidades, cada función es importante, el golero, portero, arquero o como lo quieran llamar, muchas veces se siente por fuera de ese funcionamiento. El puesto de golero es un puesto particular, especial, seguramente cada puesto tiene lo suyo pero ser golero no es para cualquiera, para empezar en el fútbol todos los jugadores tienen recorrido físico, algunos más, otros menos, pero hay que correr, la cancha es para eso, para ocupar los espacios vacíos, el que mejor los sabe ocupar seguramente tenga recompensa, en el caso del golero el recorrido es de pocos metros, hay todo un tema mental de posicionamiento, estar bien parado siempre, atrás del tipo no hay nadie, a los costados tampoco, tiene a todos los compañeros por delante, nadie le cubre sus espaldas salvo la red, y mejor se mantenga quieta durante el partido. Hay una amistad con la soledad, mientras todo el equipo ataca, en conjunto, el tipo espera en determinado sector de la cancha, ataca pero con el pensamiento. En cantidad son minoría, de veintidós jugadores que entran al terreno de juego, sólo dos son goleros, y seguramente estén vestidos diferentes, tanto entre ellos como con los demás jugadores, por lo tanto el golero es único en cada partido, es único en cada día de su carrera. Para ser golero hay que saber lidiar con la soledad, la soledad del arco, la soledad del entrenamiento, un entrenamiento de portero no tiene nada que ver con un trabajo colectivo del equipo, son otros ejercicios, por algo lo hacen separados, con sus pelotas, parecen una secta, los goleros por allá, el resto del plantel por acá, si los necesitan los llaman gritando, que vengan dos se escucha a la distancia. Los tipos van, dónde sea van, siento tienen cosas reprimidas, por algo hablan tanto en la cancha, aparte tienen una visión diferente al resto, lo viven diferente, lo sienten y piensan diferente, son diferentes, cargan con un bolso enorme cada día, salvo tengan la suerte de estar en un club que les lave la ropa, tienen dos o tres calzas, en general rotas, con citarices de caídas, pantalones cortos y largos, una remera térmica, otra por arriba, un buzo de arquero, guantes, algunos gorros u otros accesorios. Son fundamentales en los equipos, en los grupos, haciendo honor a sus características siempre aportan cosas diferentes, a veces son la burla del resto, pienso eso es por un tema numérico, siempre es más fácil reírse de los que son menos, somos básicos, ellos se prestan y juegan, hasta en eso son especiales. Un error de ellos y todo cambia, una buena tapada y seguramente era lo que se esperaba, pero los errores son errores y no se miden igual, lamentablemente. Como delantero festejo a los goleros, los rivales y los de este lado, tipos valientes y desafiantes, tipos que siguen su viaje hasta dónde pueden, que conviven cada día de su vida con el error, que hacen de la espera un proceso fundamental, son amigos de la ansiedad, disfrutan su soledad y saben que hay momentos que es mejor estar acompañados, me parece que los goleros entendieron por dónde viene el deporte, por dónde viene el fútbol, los valores del juego, de la competencia sana, me saco el sombrero y los guantes, hoy y siempre celebro a los goleros.